El Apego de Lucia
Los trabajos de Bowlby sobre el apego y la pérdida, exploran procesos a través de los cuales se establecen y se rompen los vínculos afectivos, especialmente como los niños establecen un apego emocional con sus cuidadores primarios, y la ansiedad que sienten cuando son separados de ellos. Por lo tanto, para Bowlby los niños necesitan una relación cercana y continuada con su cuidador primario para poder desarrollarse emocionalmente.
Evidentemente, la contribución teórica de Bowlby es mayúscula a la hora de comprender el desarrollo infantil. Como bien hemos experimentado con algún hermano, primo o sobrino recién nacido, las conductas infantiles como succionar, aferrarse, seguir, sonreír y llorar tiende a elicitar respuestas protectoras de los cuidadores adultos, todo ello, nos lleva a establecer unos vínculos prácticamente irrompibles entre el niño y el cuidador.
Bowlby hipotetiza sobre la adaptatividad de la conducta de apego, y sobre la evolución natural por la que ha pasado en los distintos procesos de supervivencia del ser humano, es decir, elicitar conductas de apego hace que el cuidador primario se mantenga cerca del niño, protegiéndoles de los peligros del entorno inmediato.
Por otro lado, la hipótesis de Bowlby sobre la conducta de apego, la cual constituye un sistema conductual organizado. Por ejemplo, mi prima Lucia de dos años de edad, cuando sonríe o llora busca mantener la proximidad con su cuidador, en definitiva, Lucia persigue sentirse segura dentro de la relación de apego que se esta generando. Este tipo de relación entablada con mi prima se mantiene relativamente estable, ya que las conductas de Lucia cuando interactúa conmigo, buscan en todo momento mantener un equilibrio entre sus conductas exploratorias y las conductas de proximidad, en función de mi accesibilidad y de los peligros presentes que le suponen estar en una casa nueva para ella. Por consiguiente, las conductas de Lucia irían encaminadas al mantenimiento de la proximidad, es decir, mi presencia sirve como una base segura para la niña, a partir de la cual, Lucia siente la seguridad necesaria para explorar y dominar un entorno relativamente nuevo para ella como es el salón de mi casa.
Evidentemente, si Lucia percibe amenaza aparente, busca proximidad inmediata, sin embargo, si en el salón de mi casa se siente segura explorará e intentará interactuar con el mando del televisor, con el DVD, etc. Lógicamente, esta conducta exploratoria de mi prima, esta influenciada por la percepción que tiene de disponibilidad o receptividad por mi parte. Bowlby nos habla de las diferencias individuales de la teoría del apego. En el caso de Lucia, es evidente que no tiene la misma confianza conmigo que con su madre, e intenta probar mi disponibilidad y accesibilidad. Mi prima tiene unas expectativas distintas respecto cuando esta conmigo, a cuando está con su madre (primera figura de apego), dichas expectativas de disponibilidad y receptividad están basadas en su experiencia, e incorporadas a sus modelos internos de funcionamiento del apego. Estos modelos ejercen una influencia continuada sobre la conducta, por lo tanto, Bowlby afirma que los patrones de apego muestran una larga estabilidad a lo largo del tiempo. A la pregunta sobre la estabilidad del apego, intentare reflexionar en posteriores bitácoras.
Pero, ¿realmente hay patrones organizados de conducta infantil?; Ainsworth identifica tres estilos de apego hijo-madre; apego inseguro evitativo (grupo A); apego seguro (grupo B), y apego inseguro resistente o ansioso ambivalente (grupo C). Los tres estilos están relacionados sistemáticamente con la calidad de interacción entre madre e hijo, además, de con la sensibilidad y receptividad de la madre a las señales y necesidades del niño. El procedimiento de laboratorio diseñado por Ainsworth para evaluar el estilo de apego me parece interesantísimo, ya que el bebe manifiesta cambios frente a la figura de apego en una “situación extraña” para él. Pero más allá del interés que suscita en mi dicha técnica, me llama la atención especialmente las normas que determinan nuestras respuestas ante situaciones que nos trastocan emocionalmente; pero, ¿la teoría del apego puede ser una teoría de regulación del afecto?.
Según Kobak y Sceery, se cree que el apego seguro refleja normas que permiten al individuo reconocer que está angustiado y acudir a los demás en busca de consuelo y apoyo, por otro lado, el apego evitativo refleja normas que restringen el deseo de reconocer la angustia y buscar apoyo, sin embargo, el apego ansioso-ambivalente está marcado por la hipersensibilidad hacia las emociones negativas y expresiones intensificadas de angustia. Después de esta breve reflexión, me pregunto como será la regulación del afecto de Lucia en los años venideros. Probablemente la explicación a esta pregunta este en las diferencias individuales en el apego, las cuales se verán influenciadas por las experiencias individuales de Lucia, su constitución genética, y también, daría un especial peso a las influencias culturales, no solo dentro del seno familiar, sino ir un poco más allá, y percibir la micro sociedad con la que interactúa Lucia, guardería, otros niños, abuelos, etc.
Para ir concluyendo con esta breve reflexión, creo que en las diferencias entre las relaciones de apego tiene un papel dominante la conducta del cuidador, y un papel más limitado el temperamento del niño, aunque quizás, el tema más interesante para mí podría ser analizar las implicaciones directas de las clasificaciones de apego para las posteriores demandas de adaptación que va a sufrir Lucia para integrarse dentro de una cultura específica. No se que patrones de apego se reflejarán en la personalidad de Lucia cuando sea mayor, pero vas a crecer en un entorno seguro y lleno de cariño.
1 comentario
Alejandro -
Has hecho una buena descripción de la conducta de tu sobrina, bien conectada con aspectos teóricos más complejos, sobre todo lo relacionado con el modelo interno del apego.
Y como ya sabes ésa es la idea.
El problema de tener una teoría tan desarrollada como la del apego (que además es muy sugerente y atractiva) es tratar de usarla para entender los datos. Es decir, metafóricamente sería como calzarnos unas gafas y a través de sus cristales teóricos (la teoría del apego) observar un fenómeno cualquiera (la conducta de tu sobrina). Entonces podríamos tratar de encontrar indicios de los estilos de apego (seguro, ambivalente, evitativo o huidizo), pero sería un buen ejemplo de interpretación teórica, de prescripción teórica, en vez de descripción de un fenómeno y posterior conexión si es relevante con algún modelo.
Es más interesante hacerlo posteriormente.
Ése es un problema de la Psicología y de la Psicología del Desarrollo en particular, que a mí ve viene preocupando hace unos años. Mucho peor es cuando ni siquiera eres consciente de la teoría a la que estás sujeto, ¿no?
Si no objetivamos la teoría, no haremos más que estar sujetos a ellas.
Por eso me ha gustado la descripción que has hecho, conectándola después con elementos teóricos, así es más fácil notar la diferencia entre ambos fenómenos.
Un saludo
Alejandro